Más de 50 líderes universitarios de toda Latinoamérica se reunieron en Ciudad de México para responder una sola pregunta: ¿cómo se construye hoy la empleabilidad como pilar estratégico, con datos, evidencia y la tecnología correcta?
El 24 de septiembre, en el Auditorio Glaxo del Tec de Monterrey (Campus Ciudad de México), cerramos la cuarta edición del EduInnovate Summit bajo una premisa que atravesó toda la jornada: la educación superior está viviendo su propio "momento Spotify". Cuando el conocimiento se vuelve abundante y la inteligencia artificial democratiza el acceso a él, lo que diferencia a una institución ya no es transmitir contenido, sino la experiencia que construye alrededor del estudiante y los resultados profesionales que logra demostrar.
Durante una jornada completa, universidades de Argentina, Colombia, Puerto Rico, México y Estados Unidos compartieron cómo están transformando sus centros de carrera, sus áreas de egresados y sus modelos de prácticas. Estos fueron los hilos que conectaron las conversaciones.
Los datos de resultados como brújula del centro de carrera
Desde la Oficina de Estrategia de Carrera de Yale University, Robyn Acampora dejó una idea que resonó en la sala: el verdadero cambio empieza cuando la institución se vuelve dueña de sus propios datos de resultados. Al trasladar la encuesta de primer destino al control de Career Services, Yale pasó de una tasa de respuesta del 35 % al 90 %, y convirtió esos datos en la página más visitada de todo su sitio web, consultada por departamentos académicos, familias y futuros estudiantes que se preguntan "¿qué puedo hacer con esta carrera?".
Su conclusión fue práctica: pocas métricas, bien hechas, y una estrategia de alianzas en todo el campus que llevó a un aumento del 40 % en la participación. Los datos no son un reporte anual; son la base para decidir qué iniciar, qué detener y con quién aliarse.
Medir el desarrollo profesional con evidencia, no con percepciones
La Universidad del Sagrado Corazón (Puerto Rico), de la mano de Lorena Franco, mostró cómo integrar la práctica profesional al currículo y, sobre todo, cómo medir su impacto con rigor. Su modelo triangula tres fuentes de evidencia (la autoevaluación del estudiante, la evaluación del supervisor y la del centro de práctica) para captar una visión integral del aprendizaje y reducir el sesgo de una sola mirada.
El dato que capturó la atención: según su propio estudio, 173 estudiantes generaron un valor económico agregado estimado de 317.500 dólares para las organizaciones donde realizaron su práctica durante el año académico. Evidencia concreta de que la experiencia profesional bien diseñada es, al mismo tiempo, formación y aporte real al tejido productivo.
Del portal de empleo al ecosistema de empleabilidad
María Fernanda Rodríguez, Directora de Alumni de la Universidad de La Sabana (Colombia), narró un cambio de enfoque más que de plataforma. El principio que guió la decisión fue claro: primero se define la experiencia, después se elige la tecnología. Un portal de vacantes dejó de ser suficiente cuando estudiantes, graduados y empleadores empezaron a esperar algo más: una experiencia que acompañe, visibilice y conecte.
La Sabana organizó su transformación en torno a cuatro frentes (experiencia y comunicación, visibilidad del talento, formación y acompañamiento, y proyección a futuro), con el perfil público como pieza central para que el estudiante pase "de la aplicación al candidato visible". Su síntesis fue contundente: no gestionan graduados, gestionan relaciones que transforman, y la tecnología no es un proveedor, sino un aliado para el impulso a la empleabilidad.
Los egresados: el único activo que crece cada año
Angélica Careaga, Directora Ejecutiva de CASE América Latina, puso cifras a una oportunidad regional. Mientras la mediana global de engagement de egresados ronda el 14,7 %, en América Latina apenas llega al 7,3 %, la mitad del promedio mundial. Lejos de ser un problema, es la oportunidad: una comunidad que, bien cultivada, se convierte en el mayor activo de la institución.
Su marco de "conectar, medir y movilizar" aterrizó en un hallazgo accionable: quien participa, dona. Los egresados que hacen voluntariado donan casi el doble que quienes solo reciben comunicación. El vínculo se cuida desde el primer día; el donativo llega con los años.
Talento que transforma y buenas prácticas regionales
Flavia Heredia, de la Universidad Siglo 21 (Argentina), abrió la mañana con una mirada sobre cómo convertir la empleabilidad en un verdadero ecosistema de oportunidades.
En el bloque de ponencias nacionales, la Universidad Anáhuac Puebla, con Evelina García Malpica, compartió su proyecto integral de empleabilidad, que convierte la práctica profesional en requisito de titulación con un mínimo de 480 horas y la articula con indicadores estratégicos.
El Tecnológico de Monterrey, con Nora Moreno y Gabriela Cruz (CVDP), llevó la conversación más allá de la empleabilidad con su modelo de "avenidas de desarrollo profesional": acompañar al estudiante en su transición a la vida profesional reconociendo que la ruta no siempre es el empleo, sino también el emprendimiento, el posgrado, la responsabilidad social o la continuidad de un negocio familiar. Un enfoque que apoyan en Symplicity CSM para conectar talento con oportunidades y dar seguimiento a la empleabilidad con datos.
La madurez institucional y el papel de la tecnología
En la ponencia de Symplicity, Gabriel Hernández Erzisnik, Director Regional LATAM, propuso un mapa de madurez: las instituciones avanzan de lo reactivo a lo operativo, de ahí a lo estratégico (datos de egresados, alianzas con empleadores, reporting institucional) y finalmente a lo transformador, donde el centro de carrera se vuelve ventaja competitiva y alimenta rankings y acreditación.
En ese camino, la tecnología habilita, pero no sustituye a la estrategia. Symplicity acompaña ese recorrido con plataformas separadas y especializadas que atienden dimensiones distintas de la vida estudiantil: Symplicity CSM para la empleabilidad y los career services, Symplicity Access para la accesibilidad y los ajustes razonables, y Symplicity Advocate para el bienestar y la conducta estudiantil. A ello se suma la incorporación de Symplicity al Ellucian Partner Network, ya disponible en LAC, que permite conectar cada plataforma con los sistemas de información del estudiante por una misma vía de integración, manteniéndolas independientes.
La conversación continúa
EduInnovate 2026 cerró como empezó: con una comunidad conectada por un propósito compartido. La empleabilidad no se improvisa; se construye con datos, estrategia y la tecnología correcta.
Todas las sesiones quedaron grabadas y muy pronto estarán disponibles en una edición virtual del summit. Déjanos tus datos para acceder a las ponencias completas y conversar sobre cómo llevar la empleabilidad al centro de la estrategia de tu institución.



